Sabemos que es queso. Queso. ¡¡QUE...SO!!

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Sabemos que es queso. Queso. ¡¡QUE...SO!!
Cuando todos conocen el código oculto menos tú.

«Me sabe a queso, me huele a queso, parece queso... ¡pero no puedo decir que es queso!».

Me guardé esta frase hace años. Hoy me parece una descripción bastante precisa de un mar de escenas en el mundo profesional.

No hablo de las grandes falsificaciones, esas que terminan en un titular o en un despido. Hablo de algo mucho más corriente: conversaciones en las que todos los presentes saben que lo que se está diciendo no encaja del todo con la realidad, pero también saben que romper el código tiene un coste.

El queso está encima de la mesa. Se nota. Se comenta fuera de las oficinas. Pero dentro de la sala, cara de póker o postureo.

Interior, día. Una entrevista cualquiera

Entrevistador:

¿Cuál es tu mayor debilidad? O, ¿Por qué terminó tu relación con aquella empresa?

La respuesta con más verdad sería algo como: —¡A ti te lo voy a contar! O, Porque el propietario era excepcional en "lo suyo" y un inútil esférico tratando con personas. Es decir, lo mirases por donde lo mirases las relaciones se le daban muy requetemal, y yo ya no tenía fuerzas para andar arreglando cada interacción suicida suya.

Decir esta verdad verdadera es impensable. Activaría todas las alarmas del entrevistador: ¡Me va a traer problemas! ¿Hablará así de nosotros? ¿Sabe manejar la confidencialidad? ¿Está culpando a otros de sus propios errores?

Así que respetamos el código: — Después de la transformación del porfolio y mejorar la relación con clientes internos y externos, busco nuevos retos.

Lo que ocurre aquí es que conviven dos códigos: uno explícito y formal que encaja fetén en espacios corporativos y certificaciones ISO "de palo", y el otro; el de verdad.

Las entrevistas de trabajo suelen servir para detectar anomalías, red-flags; poco más que para averiguar que no estamos contratando problemas. El coste es evidente y doble. El código formal elimina la información que permitiría comprender la trayectoria y el encaje: qué ocurrió, qué hicimos, qué aprendimos y qué haríamos hoy de otra manera. Además, no todo el mundo es consciente del doblepensar y hay veces en que algún despistado susurra: Oye, que por más que me esfuerzo yo a ese emperador ahora mismo le veo el culo. Y la magia se rompe y la entrevista termina. Mal.

El mercado laboral está lleno de relatos sin memoria

El CV tradicional es clave para reforzar esas dinámicas distorsionadas. Exigimos que una carrera de diez, 20 o 30 años quepa en un par de páginas. Después queremos que sea breve, diferencial, compatible con filtros automáticos, adaptado a cada oferta y, por supuesto, atractivo.

El resultado no tiene por qué ser falso. Pero está condenado a la superficialidad. Y con pocas garantías.

Un CV recuerda cargos y fechas. Casi nunca conserva las decisiones difíciles, los proyectos que salieron mal, las responsabilidades que no cabían en el nombre del puesto, las herramientas utilizadas de verdad, los cambios de contexto o lo que aprendimos después de equivocarnos.

Luego llega la inteligencia artificial y nos facilita la redacción del documento. Puede ordenar, resumir, adaptar y pulir tanto el relato que termine pareciendo una trayectoria distinta.

¿Puede la IA ayudarnos a reconciliar ambos códigos?

Del currículum estático al perfil vivo

Nuestra respuesta ha sido el desarrollo de "MiCV - Mi perfil vivo".

MiCV nace para convertir la historia profesional en un sistema vivo de información verificable y útil.

Podemos partir de lo que ya existe: perfil de LinkedIn, currículos anteriores, documentos en PDF, publicaciones, certificados... y con conversaciones guiadas por MiCV construir ese sistema vivo. La solución organiza experiencias, misiones, formación, idiomas, metodologías, herramientas, publicaciones, actividad no lucrativa relevante y hasta la personalidad y el estilo profesional.

La información se guarda en una bóveda privada que la persona puede seguir completando y llevarse consigo. Ni queda atrapada en un documento, ni depende de rehacer el ejercicio cada vez que aparece una oferta.

La empresa recibe un PDF conciso y acceso al espacio privado para profundizar en una experiencia, una misión o una competencia. La persona también puede gestionar las ofertas a las que se presenta, registrar el resultado y aprender de cada proceso.

El perfil se convierte en una memoria profesional que evoluciona con cada cual.

Verificable no significa infalible

Como hablamos de honestidad, no toda la información profesional admite el mismo grado de comprobación. Hay hechos respaldados por documentos, logros que pueden contrastarse y valoraciones que se declaran de buena fe. Una cosa es que el candidato afirme haber liderado bien un equipo; otra que existan resultados que respalden esa afirmación, y otra que un tercero independiente la haya verificado.

MiCV conserva esa diferencia: el talento verificable. Saber qué sabemos, por qué lo sabemos y qué parte merece ser contrastada entre humanos.

Esa trazabilidad protege a quien contrata, pero también protege al candidato. Evita que una buena experiencia desaparezca porque no cabe en el PDF. Permite explicar un cambio profesional sin atacar a nadie ni refugiarse en una frase vacía. Y ofrece espacio para algo que los currículums suelen expulsar: el aprendizaje.

No hay quien se crea una trayectoria que nunca tuvo conflictos ni errores. Hay que poder explicar en que charcos anduvimos para mancharnos de barro hasta las trancas, qué pasó y qué cambió después.

La experiencia de décadas no cabe en dos páginas

La IA da respuestas impecables a preguntas incorrectas. ¿Cómo se está protegiendo el mercado de esto? Pues manteniendo y reforzando el buen criterio que solo da la experiencia. Y nuestro enfoque resulta especialmente útil para profesionales mayores de 45 años; después de validar la solución y ver que funciona, estamos construyendo una base mínima con este tipo de perfiles.

Cuanto más larga es una carrera, más se diluye en un PDF de titulares estáticos. Décadas de decisiones, proyectos, contextos y conocimiento filtrados solo por el éxito percibido pierden mucho valor frente a la realidad, que siempre es más compleja y rica en detalles. Una vez más, ¡IA con sentido al rescate!

Cuando hablamos de atracción y conservación de algo tan poco asible como es el talento, soluciones como MiCV pronto serán la norma; otra comodity más. Pero recordemos, estamos en la infancia de la IA generativa: la ventaja será de quienes se muevan primero.

Tu propio perfil vivo

Toda tu trayectoria a un click: MiCV.

Si te agota empezar de cero cada vez que quieres un cambio en tu carrera, te quedas con la sensación de que podías haberte contado mejor, y te gusta llamar queso al queso, MiCV te interesa.

Estamos incorporando perfiles pioneros con prioridad para profesionales de más de 45 años. Que tu trayectoria no dependa de dos páginas ni de que te venga la inspiración en 30 minutos de entrevista personal.

No hay atajos en la construcción de tu perfil vivo con la ayuda de MiCV, pero va a ser la última vez que hagas este ejercicio.

Tu bóveda (tu contexto) es tuya y te la puedes llevar a donde quieras cuando quieras, aunque en MiCV la puedas utilizar cómodamente.

Mayores de 45 años: 49 euros en un pago único.

Esta oferta no caduca. No tenemos prisa. Alguna ventaja tenía que tener ser los primeros.

Resto de perfiles: 99 euros (pago único).

¡Quiero MiCV!